El mejor cliente

Hace tiempo, en una charla de amigos, uno de ellos dijo algo que siempre repite, algo así como «el laboratorio es un gran negocio, todos los días nacen nuevos clientes».

Y esto tiene que ver con algo que he estado notando desde tiempo atrás, no solo en nuestro país, sino también en muchos otros alrededor de nuestro vilipendiado planeta: cada día, la presencia del estado como comprador es mas fuerte.

Esto es, de pronto, el estado (todos los estados) se ha convertido en el principal cliente de muchas empresas, especialmente las farmacéuticas, pero no queda ahí, hay otras industrias que han encontrado su filón en el estado como cliente perpetuo y cautivo.

Si prestan atención, verán que lo que antes era una relación empresa-cliente, ahora es una relación empresa-estado. Ya no hay tantos clientes como antes, aunque haya mas población, para colocar la oferta de bienes que producen muchas (grandes) empresas, entonces, ¿cuál es la solución?, simple, hacer que sea el estado el principal cliente de dichas empresas.

Entonces, hoy podemos ver que, caso Argentina, se dicta una ley que impone la vacunación obligatoria y, a su vez, para que pueda ser obligatoria, el mismo estado se erige en el comprador de las vacunas, ya que gran parte de la población, o bien no puede pagarla, o bien no quiere vacunarse.

Si un laboratorio fabrica, digamos, 100 unidades, pero su base fija de clientes es, digamos, 20, le quedan 80 unidades que no puede vender y, tarde o temprano, tendrá que regalar o tirar a la basura, entonces, la solución ideal a este dilema es hacer que las 80 unidades sean compradas por el estado y negocio redondo para todos (y todas, que también hay funcionarias).

Tomo el tema laboratorios porque sería el emblemático, pero si hilamos fino, podemos encontrar muchos otros ejemplos, como ser, que distintos organismos públicos renueven anualmente sus flotas de vehículos, mobiliarios, teléfonos celulares, etc. Incorporando un ritmo de renovación muy superior al que cualquiera de nosotros puede tener, obviamente, porque, en la mayoría de los casos nuestra situación económica nos lo impide.

Ahora, si yo restrinjo mis gastos y no puedo comprar remedios, celulares, cambiar las sillas del comedor o tener un auto, siento que soy un idiota porque con mis impuestos ayudo a que funcionarios, jueces, legisladores, etc. puedan hacerlo anualmente y, de esa manera, colaborar a que las empresas puedan vender lo que, en circunstancias normales de mercado, no podrían vender.

Y, para remate, pueden vender esos productos a un precio que suele superior al de mercado, porque el estado es el mejor cliente y, como tal, paga sin preguntar ni quejarse cuando el precio es alto. Y, lo que ponemos el dinero, ni nos enteramos que se compra, cuanto se compra, ni cuanto se paga.

Negocio redondo.

SaludOS/2

Acerca de DAX

Todavía creo en un mundo mejor y que se puede conseguir a través del diálogo pacífico y escuchando al que piensa distinto.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

*

 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.